
VESTICIÓN DE LOS NOVICIOS
Comunidad del Beato Domingo Barberi
El Pueblito, Querétaro
12 de septiembre de 2025
Al medio día del 12 de septiembre, en la Comunidad del Beato Domingo Barberi, en El Pueblito, Querétaro, se llevó a cabo el rito de vestición de los novicios Abel del Verbo Encarnado, Francisco de las cinco llagas y Emiliano de San José. La celebración fue presidida por el P. Miguel Ángel Villanueva Pérez, Consultor Provincial. Fue un momento sumamente especial para los novicios que, revestidos con el hábito de la penitencia, desean continuar su camino de formación, haciendo continua memoria de la Pasión de Jesucristo. Publicamos la homilía pronunciada en esta celebración.
HOMILÍA
Hemos de recordar que el hábito no representa un nivel superior a los demás. Es la expresión de que se está dispuesto a renunciar a la concupiscencia y a los intereses personales. Los religiosos viven apartados del mundo, de ahí el significado del convento que expresa la renuncia al mundo. Había tradiciones de vida religiosa donde no se volvía a ver ni siquiera a los familiares. También el hábito y el nombre que se tomaba indicaba una vida distinta. Nosotros no cambiamos de nombre, sólo nos añadimos un apellido. En la Provincia, recordamos al P. Mariano Abrosini, llamado Pasquale; al P. Timoteo Pivato, llamado Luigi; Egidio Parnisari, de nombre Luciano; Octavio Mondragón, de nombre José Luis; o Pablo Rubio, llamado Eleazar. Cuando nosotros iniciamos el Noviciado, somos compañeros José Luis García y yo, tomamos el nombre religioso; yo me llamo Miguel de santa Gema y el P. José Luis García, José Luis de san Gabriel de la Dolorosa. Ahora tenemos a Abel del Verbo encarnado, Francisco de las cinco llagas y Emiliano de San José. Con esto queremos decir que nos hemos revestido del hombre nuevo; haciendo eco de las palabras de san Pablo que nos recuerda que «Nosotros hemos sido configurados con Cristo en su muerte». Dejamos atrás el hombre viejo, con todas sus concupiscencias.
Recordarán ustedes en el libro del Génesis, cuando se habla del pecado, se dice que Dios los está buscando y ellos se esconden. Y cuando Dios los encuentra, responden: «Me escondí porque estoy desnudo». ¡He leído muchas interpretaciones! Y quién te ha dicho que estás desnudo y ahí empiezan las acusaciones: «la mujer que me diste por compañera». Y ella dice: «la serpiente me engaño». Aquí el pecado es una ruptura, esa ruptura entre Dios, entre los seres humanos y entre la naturaleza. Eso es es el pecado: una ruptura con Dios, con nosotros por estarse acusando, con la naturaleza pues tendrán que trabajar con el sudor de la frente. Pero la ruptura más delicada es con uno mismo. Por eso se esconden porque se sienten desnudos. Para entender el hecho de la desnudez, recuerdo un relato: una modelo profesional, una chica muy bella, en el éxito de su carrera, tiene un accidente; le salvan la vida pero queda muy dañada de su rostro. El día que le van a quitar la venda, cierran todas las ventanas y le quitan la venda; ella pide un espejo y manda que todos salgan de la habitación. Ella cierra la puerta y después de unos minutos de silencio se escucha un grito desgarrador: «la que está en el espejo no soy yo». Ya no se reconoce a sí misma. Eso es lo que pasa en el pecado cuando se da la ruptura con uno mismo: ya no sabes quién eres. Por eso Adán se esconde porque no se reconoce a sí mismo ni se puede reconocer en el rostro del otro. Últimamente he estado hablando con los alumnos del Possenti por las cuestiones de bulying; había un niño al que le decían «cara de foca» y nosotros pedíamos que lo respetaran pues el niño tenía su identidad. Y después de la última plática cuando todos habían reconocido su error y se habían comprometido a no volver a decirle nada, saliendo del salón, uno de la un codazo y le dice: «cara de foca». Tenía un trauma y tuvo que ir psicólogo por lo que todos le decían. Es necesario respetar la identidad y volvemos a lo mismo. Yo creo que el hábito pasionista que nos dejó san Pablo de la Cruz para hacer luto perpetuo por la muerte del Señor. El hábito nos da identidad y nos recuerda que hemos muerto con Cristo. Cuando llevamos el hábito debemos ver, no sólo lo exterior, sino el hecho de que nos hemos transformado en Cristo. Así, todo lo que tenemos que vivir o estudiar debe ser para conformarnos con Cristo. Y esto nos lo debe recordar el hábito. Pienso en los niños cuando hacen la primera comunión y se cuestionan por lo que habrá de suceder; también santa Gema cuando hacía la comunión, le decía a Jesús que él tenía que obrar desde su corazón y cuando sentía un dolor interior pensaba que algo estaría haciendo Jesús en su corazón. Y una vez, platicando con los niños sobre el ayuno, porque decíamos que habríamos de tener al menos una hora de ayuno, decía un niño: «¿no podríamos comer antes de la Misa? Porque si Jesús entra antes, toda la comida le va a caer antes; mejor que podamos comer antes porque si no, toda la comida le va a caer encima». De lo que se trata es recordar que Jesús entra en nosotros y empieza a actuar en ti: va a caminar por tus pies, va a mirar por tus ojos, va a escuchar por tus oídos y va a trabajar por tus manos. La comunión que hacemos día con día nos debe transformar en Cristo. Así también el hábito: Cristo va actuar en ti y tú te irás transformando en Cristo.
El hábito nos da identidad transformándonos en Cristo. No es tan fácil pero lo tenemos que ir asimilando. El sufrimiento no es algo atractivo pero lo tenemos que asimilar porque Jesús nos invita a llevar la cruz. Dice la gente: «Mira que marido te tocó» y muchos responden: «es ges la cruz que te tocó». La cruz de la que habla el Señor es la que viene de vivir coherentemente, como el mismo Cristo. Vivir como Jesús, traerá problemas: si estás con los que mienten y tú no mientes, te van a atacar; si uno es honesto con los que son deshonestos, te van a criticar. Eso es tomar la cruz de Cristo. Y así lo vemos en el ámbito social: si uno vive con honestidad donde impera la corrupción, hasta la vida correrá peligro. Así el hábito nos debe llevar a vivir como Jesús aunque nos señalen. El hábito va a significar que Cristo está presente en todo momento de la vida y nosotros debemos transmitir a Cristo.
Me tocó estar presente en una de las reuniones de las monjas Pasionistas, en Roma, cuando estaban en su proceso de reestructuración. Se reunieron todas las superioras cuando hicieron las Constituciones y recuerdo que todas las monjas, francesas, indonesias, italianas, llevaban el mismo hábito, prácticamente igual al nuestro. Y había una de un monasterio de Filipinas que llegó con un hábito gris y la falda hasta las rodillas. Cuando le preguntaron porque vestía así, ella respondió: «Como somos independientes, decidimos dejar el hábito y usar este por el clima y para tener más comodidad en el trabajo». Pero parece que en un momento no se sintió bien, por las miradas de las demás, así que fue con las Hijas de la Pasión que están también en la Casa General, a pedirle un hábito de los padres y así verse más o menos igual. Recuerdo también que, en tiempos del P. Teodoro Foley, sabrán que murió siendo Superior General, los Pasionistas de África hicieron una solicitud para usar el hábito blanco y se les concedió por cuestión del calor. También habría alguno aquí en la Provincia que usaba sólo el hábito blanco. Podemos decir muchas cosas sobre el hábito pero debemos recordar que eso nos va conformando con Cristo. Dicen las Constituciones que lo usamos en las reuniones y en los ejercicios porque nos da identidad y nos recuerda que nos estamos conformando con Cristo crucificado. Nos ayudará a participar en la Pasión de Jesús con un amor vulnerable. Habrá mucho que decir sobre el amor vulnerable pero pronto leerán un artículo que escribe sobre el tema. Cuando el amor es verdadero, siempre es un amor vulnerable. Con los chicos del Possenti hemos hablado mucho sobre el amor porque hay varias parejitas y cuando se pelean, andan las chicas llorando; por eso las orientadoras les han dicho que el amor hace al ser humano vulnerable porque se debe estar dispuesto a servir al otro. De esto se trata entonces el uso del hábito: manifestar el amor vulnerable que nos lleva a una entrega total, hasta dar la vida.
P. Miguel Ángel Villanueva Pérez, C.P.
Consultor Provincial


