Centralidad de la Pasión de Cristo

Fascinado por la persona de Jesús en su Pasión, Pablo siente una profunda necesidad de configurarse con él, interior y exteriormente. El primer día del Retiro de Castellazzo, escribió en el Diario: «Por la misericordia de nuestro buen Dios no deseo saber otra cosa ni quiero gustar consuelo alguno; sólo deseo estar crucificado con Jesús». El 6 de diciembre de 1720, reitera su deseo: «Tuve mucha inteligencia infusa de los espasmos de Jesús y tenía tantas ganas de permanecer perfectamente unido a Él, que deseaba sentir actualmente sus padecimientos y estar con Él en la Cruz».

 

Pablo de la Cruz hace girar toda su vida en torno a la Pasión de Jesús. Recibió un conocimiento infuso de los sufrimientos de Jesús. Usa signos concretos para expresar la supremacía de la Pasión: el hábito, el escudo, su mismo nombre, el voto congregacional, la oración previa a toda acción litúrgica. Pablo de la Cruz nos dejó la Pasión de Cristo, no como un tema importante, sino como el único tema, el que explica, unifica e identifica nuestra vida. «Buscamos la unidad de nuestra vida y de nuestro apostolado en la Pasión de Jesús. A la luz del voto de la Pasión vivimos los consejos evangélicos. Nos dedicamos con amor al seguimiento de Jesús Crucificado y nos preparamos con espíritu de fe y caridad a anunciar su pasión y muerte» (Const 5, 6 ,64). 

Los pilares del carisma Pasionista

San Pablo de la Cruz, profundo conocedor de los males de su tiempo, entendió que en medio de su cultura, lo importante no era ofrecer estudios o instituciones sino forjar personas distintas; por eso, inspirado por Dios, reunió compañeros que asumieran en su vida los rasgos emanados de la Pasión de Cristo.

Inspirado en los rasgos típicos que nacen de la Pasión de Cristo, como manifestación del Amor de Dios, San Pablo de la Cruz propuso una serie de valores o actitudes para formar un tipo de personas que realmente hicieran presente en el mundo este Memorial de la Pasión de Cristo. Estos cuatro valores o pilares sobre los que se cimienta el carisma Pasionista son: la soledad, la oración, la pobreza y la penitencia.

Retomemos una parte de su Testamento espiritual, dictado en el lecho de su muerte, tal como lo relatan sus biógrafos, y en donde el mismo Pablo de la Cruz menciona explícitamente tres de estos valores:

«Apenas llegado el sacerdote a su recámara con el viático, el P. Pablo que no se podía casi mover del lecho por sus males, al ver presente su amoroso Redentor, con gran fervor levantó los brazos en señal de gran devoción y amor, diciendo con todo el corazón en los labios: "Ah mi querido Jesús, yo declaro que quiero vivir y morir en Comunión con la Santa Iglesia. Detesto y aborrezco todo error". Después, ante la presencia de Jesús Sacramentado, dio las últimas y principales recomendaciones, que al mismo tiempo eran fielmente escritas por dos religiosos, no vistos por el enfermo, en la capilla contigua: 

 

"Antes que ninguna cosa les recomiendo mucho la caridad fraterna. He aquí, mis queridísimos hermanos, lo que deseo con todo el afecto de mi pobre corazón, de ustedes, que se encuentran aquí presentes, como de todos los otros que ya visten este hábito de penitencia y luto en memoria de la Pasión y muerte de Jesucristo nuestro amabilísimo Redentor y de todos aquellos que serán llamados por Dios a este pequeño rebaño de Jesucristo. Recomiendo así a todos y especialmente a aquellos que tendrán el oficio de Superiores, que siempre florezca en el Congregación el espíritu de oración, el espíritu de soledad y el espíritu de pobreza, y estén así seguros que, si mantienen estas tres cosas, la Congregación brillará delante de Dios y de los hombres. Recomiendo con gran urgencia un filial afecto hacia la Santa Madre Iglesia, y una muy grande sumisión a su cabeza visible, el Sumo Pontífice. Y procurarán cooperar y ayudar a la salvación de las almas, con todas sus fuerzas, según nuestro Instituto, promoviendo en el corazón de todos la devoción a la Pasión de Jesucristo y a los dolores de María Santísima...»

Contemplando a Jesucristo, pobre y desnudo sobre la cruz, que se entregó por todos, Pablo encontró el punto que unifica los valores que son el fundamento de su vida y la Congregación: la conformación con el Cristo de la Cruz, la oración, la penitencia, la soledad, la pobreza y la necesidad de servir a todos.

La Espiritualidad Pasionista ha de centrarse en la contemplación del Crucificado, la obra más grande del Amor Divino, y de profundizar en las actitudes que acompañan esos momentos de la vida de Jesús: la humildad, la actitud kenótica y martirial. De ahí debe brotar un nuevo proyecto de vida para la persona respecto a sí misma, en su relación con Dios, con los demás y con el mundo. Para lograr esto habría que utilizar las actitudes básicas de la espiritualidad pasionista:

  • La Oración ante un Dios amoroso que nos invita a vivir en su voluntad.

  • La Soledad para palpar nuestra nada y nuestras limitaciones, y desde ahí descubrir el Todo de Dios y su voluntad salvadora.

  • La Pobreza como camino de anonadamiento de sí mismo para dejar a Dios ser totalmente en nosotros.

  • La Penitencia, que aun cuando no es nombrada en el Testamento, fue otro de los valores que recalcó a sus seguidores, como un camino de conversión, para eliminar los obstáculos a la gracia de Dios en nuestra vida.

Estos valores constituyen el núcleo de la experiencia carismática de San Pablo de la Cruz, y ellos se encuentran señalados en su Diario Espiritual, en sus Cartas de dirección espiritual, así como en su testimonio personal. Y por otra parte estos valores han sido corroborados por la tradición pasionista en diversos momentos de su historia, tanto en su práctica como en su magisterio, y forman parte medular de la Experiencia llamada "Castellazzo".

En síntesis, podemos decir que el carisma Pasionista tiene como centro la Memoria de la Pasión Jesucristo, la cual, se encuentra sostenida por estos cuatro valores: la soledad, la oración, la pobreza y la penitencia. 

© Secretaría de la Provincia de Cristo Rey

Ciudad de México, año 2020

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