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Profesión 09

PROFESIONES TEMPORALES

Comunidad del Beato Domingo Barberi

El Pueblito, Querétaro

12 de julio de 2025

El sábado 12 de julio, los hermanos Jesús del Señor de la humildad (Robles Sánchez) y José de la Madre del Amor Crucificado (Nieves Luna), emitieron la profesión religiosa, al término del año de Noviciado. La emotiva celebración se llevó a cabo en la Comunidad del Beato Domingo Barberi, en El Pueblito, Querétaro. Fue presidida por el P. Ángel Antonio Pérez Rosa, en presencia de la comunidad provincial y un considerable número de fieles. Presentamos, a continuación, la homilía pronunciada en este acontecimiento. 

 

HOMILÍA

 

Nos reunimos con alegría celebrando el amor de Dios, en este Año Santo, el Año de la Redención, celebrando veinticinco años más del amor de Dios que nos ha redimido en Cristo crucificado.

 

El Evangelio que hemos escuchado nos presenta el texto de las Bienaventuranzas. Jesús sube al monte, se sienta como un Maestro, y nos enseña a todos. Este texto evoca a Moisés subiendo a la montaña del Sinaí para recibir los diez mandamientos. Así como Moisés dio al pueblo los mandamientos, ahora Jesús, también en el monte, nos da a conocer lo que Dios quiere. Por lo tanto, este texto de las Bienaventuranzas se nos presenta como el proyecto al que Jesús invita a sus discípulos. Ellas inician el sermón de la montaña que nos presenta el Evangelio de Mateo. Más que un simple sermón, estos capítulos son una invitación a todos para ser discípulos de Jesús y construir el Reino; es un proyecto que se presenta para todos los bautizados que queremos construir el Reino como discípulos de Jesús. Las Bienaventuranzas son una invitación para cada uno de nosotros; no son una deferencia a la vida religiosa; sería un peligro pensar que sólo son para los religiosos; son un proyecto para todos los cristianos: para todos los discípulos de Jesús, para todos los religiosos, para todos los bautizados. Todos somos llamados a las bienaventuranzas.

 

Nosotros, los religiosos, aquellos que hemos sentido una llamada peculiar a la vida consagrada, en palabras del profeta Isaías que escuchamos en la primera lectura, somos invitados a la gracia y al amor de Dios. «No temas, que te he redimido» (Is 43,1). Miren, qué bonito dice el profeta: «Te he llamado por tu nombre y eres mío» (Is 43,1). Esas son palabras del Señor para cada uno de nosotros y en especial, para Jesús y José.

 

Queremos y nos comprometemos a asumir con radicalidad la vivencia las Bienaventuranzas. Eso es lo que expresamos en esta celebración acompañando a los hermanos Jesús y José, en lo que llamamos la profesión religiosa. Dios Padre amoroso nos llama a todos a vivir el proyecto de vida de Jesús contenido en las Bienaventuranzas. Él es el el primer bienaventurado. Cada una de las bienaventuranzas tiene su plena realización en la persona de Jesús; podríamos decir que Jesús es el bienaventurado por excelencia. Entonces Jesús es el proyecto de Dios que se nos invita a contemplar continuamente. 

 

En la segunda lectura, de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios, es bonito destacar la insistencia de san Pablo en este himno que llamamos cristológico, centrado en la persona de Jesús. Dice el himno: «Él nos eligió en la persona de Cristo antes de crear el mundo para que fuésemos santos» (Ef 1,4). Vuelve san Pablo: «Él nos eligió en la persona de Cristo, por iniciativa suya, a ser sus hijos» (Ef 1,5); nos eligió a todos, a todos, a todos, a todos nosotros. Este el plan amoroso de Dios en la persona de Jesús. Cristo es la centralidad de la vida del cristiano, del bautizado. Toda nuestra vida como cristianos, bautizados, discípulos, debe estar centrada en la vida de Jesús.

 

Las Bienaventuranzas nos hablan del mismo Jesús. ¿Quién es ese bienaventurado al que se llama dichoso? Es Jesús. «Dichosos los pobres» (Mt 5,3); Jesús es el pobre y nos invita a vivir como él. «Dichosos los que lloran» (Mt 5,4); Jesús es el que asume nuestro dolor, en la cruz lo vemos y nos invita también a llorar, a asumir el dolor en la lucha de cada día. «Dichosos los sufridos»; Jesús es el que nos enseña que el sufrimiento no nos destruye sino que se puede convertir en camino de salvación. Jesús es el dichoso que tiene hambre y sed. Jesús nos invita a ser misericordiosos porque Él nos revela la misericordia del Padre. Jesús es el justo, aquel de limpio corazón, el que trabaja por la paz y nos invita a ser instrumentos de paz. Jesús es el perseguido por causa de la justicia y es el que nos invita a asumir su causa y a sentirnos identificados con él. 

 

En nuestra celebración, acompañamos a estos hermanos, Jesús y José, que sintiendo la llamada de Dios Padre amoroso y después de vivir la experiencia del año de Noviciado, optan por vivir su bautismo de una forma más plena en el seguimiento de Cristo. En las Constituciones Pasionistas, que son el proyecto de vida que nosotros queremos llevar adelante, leemos que «el Bautismo nos sumerge en la dinámica pascual de la muerte y resurrección de Jesucristo, y nos consagra como miembros del Pueblo de Dios» (Const 7). Entonces hoy celebramos el bautismo, de todos nosotros, y acompañando a Jesús y José, somos invitados a celebrar nuestro bautismo. Pero de una manera especial, nosotros los religiosos confirmamos esta consagración por medio de la profesión religiosa, y la vivimos más plenamente con estas Constituciones. Cada uno de los religiosos que acompañamos a estos hermanos, respondemos a esta llamada de Dios para ser signo y evocación constante de los valores del Reino.

 

Esta llamada tiene su inicio en Dios, en una llamada divina. Todos nosotros podemos evocar esa llamada amorosa del Señor con las palabras del profeta Isaías: «Tú eres precioso a mis ojos, eres estimado, yo te he amado» (Is 43,1). Que resuenen para Jesús y José, y para cada uno de los religiosos, y para cada una de las religiosas que nos acompañan, y para cada uno de ustedes, laicos, estas palabras tan preciosas que nos dice el Señor: «Tú eres precioso a mis ojos, eres estimado y yo te amo» (Is 43,1). Es la iniciativa divina; toda llamada es una mirada amorosa de Dios Padre que nos invita a realizar el proyecto de vida que son las Bienaventuranzas. Y en este caso, Jesús y José, de una manera radical y apasionada, con entusiasmo, siguiendo a Cristo.

 

El estilo de nosotros, los religiosos, y en lo que manifestarán Jesús y José con su profesión, está centrado en Cristo. Queremos asumir lo que nos dice la segunda lectura de la carta a los efesios: «Este es plan que Dios Padre había proyectado realizar por Cristo». Al fin y al cabo, en el proyecto De Dios, el Hijo es Cristo y nosotros estamos llamados a ser cristos; a transfigurarnos en Cristo, a cristificarnos. Queremos asumir el plan De Dios identificándonosla en la persona de Cristo. «Este es el plan que había proyectado realizar por Cristo» (Ef 1,9). Nuestra mirada debe estar siempre centrada en Cristo; en su vida y su persona para hacer realidad las bienaventuranzas; es lo que nos dicen las Constituciones: «Llamados tomar parte en la vida y misión de Aquel "que se anonadó a sí mismo, tomando forma de esclavo", en asidua oración contemplamos a Cristo que, al entregar su vida por nosotros, revela el amor de Dios a los hombres y el camino que también estos deben seguir para llegar al Padre» (Const 5). Nunca quitemos la mirada de Jesús; no miremos a otro lado, a fulano o a fulana; no hemos sido llamados a mirar esto o aquello, hemos sido llamados a mirar a Cristo que, con su vida y su entrega, nos revela el amor de Dios. Esta contemplación nos hace cada vez más capaces para manifestar su amor y ayudar a los demás. Es la contemplación que nos hace misioneros, en la dinámica de los discípulos misioneros. Nosotros, los Pasionistas, nos centramos en la Pasión de Cristo. Inspirados por san Pablo de la Cruz, nuestro fundador, proclamamos que la Pasión de Jesucristo es la obra más admirable del Divino Amor y el remedio que anunciamos para enfrentar los males de nuestro mundo.

 

En este año del Jubileo, celebrando otros veinticinco a los de la Redención, del amor de Dios que nunca nos abandona y que es el fundamento de nuestra esperanza, acompañamos a los hermanos Jesús y José que hacen públicamente su profesión religiosa. De esa manera nos presentan su compromiso para asumir el proyecto de Jesús en el carisma de la Familia Pasionista, en el seguimiento de Cristo crucificado. Juntos, nosotros los religiosos, renovamos nuestro compromiso; pero también juntos, cada uno de ustedes, los laicos, renuevan su compromiso bautismal para que todos en la Iglesia, caminando en sinodalidad, buscando a Cristo, que es el centro, podamos llegar a ser Peregrinos de esperanza. 

 

Quiero terminar leyendo las Constuticones, como una exhortación. Los religiosos, «juntos avanzamos en una misma esperanza y caminamos hacia el encuentro con Dios por el cual somos atraídos» (Const 8). El fundamento de la esperanza es el amor de Dios que nos atrae. Queremos que en nuestro caminar, los laicos desde su bautismo, los religiosos desde el bautismo y la radicalidad del seguimiento de Cristo, y nosotros los sacerdotes, en este ministerio que hemos recibido, queremos que nuestro caminar a lo largo de la vida sea un signo de esperanza para todos los hombres.

 

Damos gracias a Dios por la llamada amorosa que ha hecho a Jesús y José. Damos gracias a Dios porque nos bendice con su vida. Y pedimos para que ellos sean fieles dentro de su consagración que hoy manifiestan públicamente. Que así sea. 

Homilia del P. Ángel Antonio Pérez Rosa,

Superior Provincial

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