
PROFESIONES PERPETUAS
El sábado 17 de enero, los Cohermanos Miguel Ángel de Santa María de Guadalupe (Zamora Ramírez) y Carlos Alberto de la Sagrada Familia (Lantigua Checo) emitieron la profesión perpetua de votos en la Congregación de la Pasión de Jesucristo, comprometiéndose a a vivir enteramente dedicados a hacer memoria de este misterio de salvación para bien de la humanidad. La celebración se llevó a cabo en la Parroquia del Espíritu Santo y Señor mueve corazones, en la Ciudad de México; fue presidida por el P. Ángel Antonio Pérez Rosa, Superior Provincial, y concelebrada por una veintena de sacerdotes. Además de los familiares de los neoprofesos y los laicos de las comunidades en las que han servido, fue notable la nutrida asistencia de la vida consagrada: Agustinos de la Asunción, Carmelitas Descalzos, Dominicos, Misioneros Josefinos, Hijas de la Pasión de Jesucristo y Siervas de María Ministras de los enfermos.
Terminada la celebración y sin contener la profunda emoción que llenaba este momento, los neoprofesos compartieron su sentir ante este importante acontecimiento, reconociendo la misericordia de Dios que los ha llamado a su servicio y la presencia de los religiosos que les han acompañado aun en los momentos más complicados de su vivencia vocacional.
Finalmente y después de las tradicionales felicitaciones, se procedió al banquete en las instalaciones del Colegio María Montessori, donde se compartió el alimento, la dicha de ser familia y el júbilo por la vocación y respuesta generosa de los hermanos que, interpelados por la llamada de Dios, han decidido vivir dedicados a la causa de Jesús crucificado.
Compartimos a continuación, la homilía pronunciada por el P. Ángel Antonio Pérez Rosa, Superior Provincial.
HOMILÍA
En estos momentos nuestra familia Pasionista se enriquece por la vocación de estos dos hermanos que hacen su opción por Cristo crucificado. Es una opción definitiva, lo que llamamos los votos perpetuos, en el seguimiento de Cristo crucificado. A cada uno de ustedes, gracias por estar presente y compartir con nosotros este acontecimiento.
La Palabra de Dios nos las pautas para comprender la decisión de estos dos hermanos nuestros. En el Evangelio que hemos escuchado (cfr. Jn 1, 35-39), también son dos discípulos que caminan en silencio tras Jesús. Les han impactado las palabras de Juan el Bautista: «Este es el Cordero de Dios» (Jn 1,29) y se han puesto en camino. Vamos a centrarnos en las tres preguntas que hay en este Evangelio.
La primera. Es Jesús quien se vuelve a estos dos discípulos para preguntarles: «¿Qué buscan?» (Jn 1,38). Podríamos decir que es la primera actitud en el seguimiento de Jesús, para todos nosotros y todo bautizado. La primera actitud en nuestra vida como consagrados es buscar: buscar a alguien, no una cosa, no un futuro; buscar a alguien, a una persona. Es una búsqueda que nos lleva a sintonizar con Jesús e interiorizar sus actitudes fundamentales. Buscamos a una persona que queremos conocer. Es la actitud inicial de toda vocación cristiana y es también la actitud inicial de toda nuestra vida. ¿Qué hemos hecho? ¿Qué hacemos en toda nuestra vida? Buscar. Y si dejamos de buscar, perdemos toda iniciativa para encontrar al Señor. Es una búsqueda que nos invita a interiorizar sus actitudes fundamentales; una búsqueda continua pues nunca lo encontramos ni lo encontraremos, por eso lo estamos buscando porque el Señor siempre nos desborda y nos sorprende. Los dos discípulos que caminan en silencio van en búsqueda para experimentar que la persona de Jesús nos hace bien pues impulsa de una manera nueva nuestro vivir y nos infunde fuerzas y esperanzas. Buscar es tratar de vivir como vivía él; buscar es tratar de dar importancia a lo que él daba importancia; buscar es mirar la vida como la miraba él; buscar es tratar a las personas como las trataba él; buscar es acompañar como lo hacía él; buscar es confiar en Dios como lo hacía él. «¿Qué buscan?». Es la pregunta que dirige Jesús.
Después la pregunta es de los discípulos: «¿Maestro, ¿dónde vives?» (Jn 1,38). Toda la experiencia cristiana lleva a conectarnos con la persona de Jesús, que nos enseña dónde vive, cómo vive y para qué vive. «¿Dónde vives?». Le preguntamos para que nos enseñe dónde vive, cómo vive, para qué vive y cuál es la finalidad de su vida. Creo que aquí nos puede iluminar la segunda lectura que hemos escuchado, tomada de la primera carta del apóstol San Pablo a los corintios (cfr. 1Cor 1, 22-31). Es una lectura que para nosotros, los Pasionistas, se ha vuelto como parte de nuestra identidad y evoca nuestra consagración pasionista. «¿Dónde vives?». Podríamos encontrar la respuesta desde la segunda lectura: Vivo en la cruz y vivo en los crucificados; esta también debería ser nuestra vida. La opción que hoy contemplamos en nuestros hermanos y la opción de todo Pasionista está marcada por el deseo de vivir a la luz del Crucificado. Queremos que nuestra vida y nuestro apostolado esté iluminado por Cristo crucificado como nos ha dicho la segunda lectura, por la sabiduría de Dios (1Cor 1,24). «¿Donde vives?» Tenemos que mirar al Crucificado. «¿Dónde vives?» En nuestras comunidades, en nuestras realidades apostólicas, en nuestros hermanos con todos y sus debilidades, pues caminamos en comunidad, iluminados por la Memoria Passionis; vive en nuestros sueños, en nuestras ilusiones, en nuestros logros y en nuestras debilidades. «¿Dónde vives?» En el Calvario, fuerza y sabiduría de Dios (1Cor 1,24). Miguel Ángel y Carlos Alberto, ahí es dónde debemos mirar siempre: hacia Cristo crucificado. Nosotros, los Pasionistas, no podemos olvidar que Jesús vive en los crucificados y con ellos debemos trazar caminos de esperanza. «¿Dónde vives?» En nuestra historia, en nuestro caminar, en lo que somos y lo que vamos haciendo realidad. «¿Dónde vives?» En nuestras comunidades, en la historia, en los pobres, en los necesitados y en la gente que se nos acerca, porque es Dios el que nos elige y se hace presente y por él caminamos en el día a día. Por eso, vale recordar las palabras del apóstol San Pablo en esta Carta a los Corintios: «El que se gloríe, que se gloríe en el Señor» (1Cor 1,31).
Tercera. La respuesta de Jesús a la pregunta de los discípulos. «Vengan y lo verán» (Jn 1,39). El fundamento de toda la vida cristiana no es una doctrina, no es un catecismo; es una experiencia de vida. Hoy, contemplando la decisión de estos dos hermanos, somos invitados a renovar nuestro bautismo. Ellos renuevan el bautismo para seguir a Jesús de una manera más radical y todos nosotros renovamos el bautismo: los laicos en el seguimiento de Jesús en la Iglesia, en su compromiso laical; los religiosos, en nuestra decisión de seguir más de cerca las actitudes de Jesús; y los sacerdotes, en nuestro ministerio dentro de la Iglesia. Todos renovamos el bautismo para ser una comunidad sinodal y así poder caminar juntos. Para nosotros, los religiosos, es una llamada a vivir con más radicalidad el seguimiento de Cristo: «Vengan y lo verán». Esta respuesta de Jesús es una invitación para tener un programa de vida donde él sea el centro: para Carlos Alberto y Miguel Ángel, el centro de su vocación; para todos nosotros, el centro del caminar. Que sea él quien impulse nuestra vida y el culmen hacia donde caminamos. Así conoceremos la forma de vivir de Jesús que a todos nos identifica y su invitación a sentirnos integrados y comprometidos en la construcción del Reino de Dios, viviendo como hermanos. «Vengan y lo verán» no es una invitación a una opinión teológica sobre Jesús; es Cristo que se nos presenta como una presencia viva, como alguien que está en nuestra vida y con quien podemos caminar en la aventura de cada día.
«¿Qué buscan?» Ser cristianos, ser religiosos, ser sacerdotes, siempre una aventura, dejándose seducir. La primera lectura del profeta Isaías (61, 1-3), es una invitación para dejarnos seducir por el Señor y emprender el camino mirándolo a él; es la invitación del profeta Isaías: Intuir la fuerza de su amor al ser humano, sentir con él, hacer nuestra su pasión por la vida, no solamente sentir sino apasionarnos con él. Somos pasionistas de vida todos los cristianos porque estamos apasionados por Jesús, por su estilo de vida; nos dejamos encantar, nos dejamos enamorar por su ternura hacia el débil y hacia el sencillo, para acercarse, hablarle, tocarle y también él nos cuestiona y nos atrae para poner toda nuestra confianza en Dios que ya no es el Dios que esta en el Horeb, sino es el Padre que camina con nosotros y nos llama hijos en el Hijo para darnos la salvación.
Pongamos en las manos del Señor toda nuestra y la vida de nuestros hermanos Miguel Ángel y Carlos Alberto. Invocamos de una manera especial a la Virgen María con los títulos de Nuestra Señora de Guadalupe y de la Altagracia, que será celebrada por el pueblo dominicano como su protectora. Que ella nos permita descubrir en ese Niño que nos presenta en su imagen, la alta gracia que viene de Dios, el amor grandioso que nos viene de Dios y nosotros contemplamos en Cristo crucificado. Que ella nos aliente en nuestro caminar para ser fieles en nuestra vocación como laicos, religiosos y sacerdotes. Que así sea.












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