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Peregrinación 01

PEREGRINACIÓN DE LA FAMILIA PASIONISTA

A LA BASÍLICA DE GUADALUPE

Ciudad de México

22 de diciembre de 2025

Como es tradición, el pasado 22 de diciembre, los miembros de la Familia Pasionista en México se dieron cita para caminar, como hijos de San Pablo de la Cruz, a la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, y obtener la indulgencia plenaria en el marco del Año Santo de la Esperanza. La caminata inició en punto de las 8.00 hrs., de acuerdo con las iniciaciones dadas por la comisión. Así, entre cantos y oraciones, los Pasionistas continuaron la marcha hasta arribar a la Basílica, donde participaron en la celebración eucarística, presidida por el P. Ángel Antonio Pérez Rosa, Superior de la Provincia de Cristo Rey, y concelebrada por una decena de sacerdotes, procedentes de las diversas comunidades. Terminada la celebración, los asistentes se trasladaron al Deportivo 18 de marzo, donde se desarrolló el encuentro fraterno. 

Presentamos a continuación la homilía del P. Pedro Méndez Mendoza.

HOMILÍA

Queridos hermanos y hermanas de la Familia Pasionista, les saludo en este maravilloso día, donde nos encontramos como hijos de San Pablo de la Cruz.

 

¿Cómo está el corazón de la Familia Pasionista? Qué alegría encontrarnos de nuevo en este tiempo de adviento, tiempo de espera y de esperanza, tiempo de María y de José, tiempo de dar gracias a la siempre Virgen Madre del Dios por quien se vive. Bendito y alabado sea siempre nuestro Dios, bueno y misericordioso, que fijó sus ojos en nuestra carne y en nuestra debilidad también.

Ser peregrinos de la esperanza es caminar juntos para ser más humanos y más cristianos. Quiero compartirles algunas palabras para animarnos en la fe en este tiempo en que el Señor nos invita a contemplar y a vivir nuestra historia y a caminar como peregrinos de esperanza desde el espíritu de la sinodalidad y bajo el criterio De Dios. Tiempo de la espera, tiempo de la esperanza de Dios con nosotros; Dios se hace carne y toma nuestra condición humana; desde esta perspectiva pensemos en nuestra carne y en nuestra humanidad. La esencia de nuestra carne está en la humanidad de Aquel que se hizo carne, el Dios con nosotros. Hoy, hermanos y hermanas, si contemplamos nuestra humanidad, vive una realidad marcada por las expresiones del mal: guerras, injusticias, asesinatos, violaciones de la dignidad humana; parece que nuestra humanidad se está volviendo inhumanidad porque la vida y la dignidad del otro parecen no tener sentido ni motivo para seguir estando. Parece que estamos en la hora de que el más fuerte impere y guíe el sentido de la existencia bajo la dinámica del mal.

 

La Palabra de este tiempo en que Dios nos habla, nos hace pensar y contemplar a Aquel que viene y se hace carne, y toma nuestra condición de humanidad: un Dios con nosotros que sigue deseando caminar con nosotros; él no se cansa porque es vida, desea participar en nuestra condición de ser humano. Por eso, en este tiempo en que Dios nos habla, recuperemos y afiancemos nuestra propia humanidad. No deshumanicemos nuestra humanidad. El camino de humanización se realiza con otros, no a nivel individual o de egoísmo; siempre este caminar nos hace ser más humanos. Es cierto que existen y siempre existirán diferencias de capacidad, incluyendo poder, posesión, dones o cualidades, pero esas diferencias no pueden convertirse en fuente de discriminación, de egoísmo, de exclusión o competencia para saber quién puede más o quién es el más débil, sino en inclusión, compartir y servicio. 

Todos somos seres dignos y nos tenemos que tratar así; lo que implica las diferencias tiene que traducirse en servicio y no creerse superior a otros, discriminando, explotando o excluyendo, sino en vivir en libertad venciendo al mal a fuerza del bien. Así pues, hermanos y hermanas, caminar juntos y ser peregrinos de la esperanza, como propone Jesús de Nazaret, nuestro Señor y Maestro, no es seguirlo dejando de ser uno mismo para convertirse en una masa uniforme en torno a él, de manera que todos piensen y sientan lo mismo, sino que nos adhesiona a Él como una fuente de servicio. Aquí reside la grandeza de nuestra humanidad: servir como Él nos enseñó a servir: «No he venido a ser servido sino a servir» (Mt 20,28). Por lo tanto, caminar juntos y ser peregrinos de esperanza, no es convertirse en una masa uniforme sino seguidores de Jesús en el servicio. Significa también que vivimos abiertos a todos, que ponemos en común nuestros saberes y que tratamos con todos fraternalmente; a nuestros padres como hermanos padres, a sus esposas o esposos, como esposos o esposas hermanos; a nuestros hijos como hermanos hijos; a nuestros compañeros y amigos, como compañeros y amigos hermanos; a los desconocidos como hermanos desconocidos; y a nuestros adversarios como hermanos adversarios. Y que este trato fraterno nos constituye: somos humanos y somos cristianos. Creo que queda claro lo que es caminar en el sentido de la humanización; nunca en el camino de la deshumanización.

 

Sigamos abriendo nuestro caminar y nuestro corazón en este tiempo en que la humanidad necesita hombres y mujeres de fe, como nosotros. Nuestra peregrinación de este día significa una luz de esperanza de que se puede vencer el mal caminando juntos, siendo juntos.

 

Termino con esta oración: Padre bueno, concédenos preparar el camino del Señor y enderezar las sendas de nuestra vida, de nuestra humanidad; permítenos ser tierra buena donde pueda caminar tu Hijo amado; danos un corazón que escuche tu palabra para convertirnos y ser más humanos y más cristianos. No somos dignos de que Jesús nos habite pero tú puedes convertirnos en un lugar cálido y limpio para él. Amén.

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