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COLOQUIO TEOLÓGICO

Los días 11 y 12 de marzo se llevó a cabo el Coloquio Teológico en el Instituto de Formación Teológica Intercongregacional de México (IFTIM), bajo el tema: «Exclusiones contemporáneas a la luz de la Escritura».

El Coloquio fue una oportunidad para reflexionar en torno a las realidades de marginación de las que son víctimas muchos de nuestros hermanos y hermanas, concretamente los migrantes y las mujeres indígenas, realidades que no son ajenas a nuestro país.

 

La metodología del Coloquio estuvo constituida por el método: ver, juzgar y actuar, con la intención de acercarnos primero a la realidad, para dejarnos interpelar por ella, luego iluminarla desde la Teología y finalmente buscar, como comunidad del IFTIM, la manera de incidir en ella de forma concreta y comprometida.

 

Durante el primer día del Coloquio la reflexión giró en torno al tema: «Los migrantes: la exclusión nacionalista, social y económica». Para ello, se contó con la presencia de la Casa de Acogida, Formación y Empoderamiento para Mujeres y Familias Migrantes y Refugiadas (CAFEMIN), institución que se distingue por su admirable labor de solidaridad con mujeres, migrantes y familias refugiadas. En este primer momento, a treves de una mesa de diálogo y testimonios, el auditorio no sólo escuchó, sino que se vio profundamente interpelado por la experiencia de una mujer venezolana que compartió su camino como migrante, narrando con detalle lo difícil y doloroso que es emprender un viaje desde su país hasta llegar al anhelado «sueño americano». Este espacio permitió poner rostro, historia y voz a una realidad que muchas veces permanece solo en cifras distantes de nosotros.

Al concluir la intervención de CAFEMIN y tras un breve receso para tomar un refrigerio, se dio paso al segundo momento del Coloquio: la iluminación bíblica, que estuvo a cargo del Dr. Jorge Piedad Sánchez, quien presentó de manera clara y concisa «Los códigos de defensa del migrante en el Antiguo Testamento». Sus palabras ofrecieron herramientas valiosas para constatar la opción de Dios por la defensa del vulnerable, especialmente del extranjero; lo cual, no es coincidencia, pues en la memoria de Israel seguía presente su experiencia como pueblo migrante, de allí que la defensa del extranjero no sea sólo un dato histórico, sino un principio teológico que fundamenta la exigencia ética de acoger, proteger y reconocer la dignidad del otro.

 

Para concluir el día, los participantes del Coloquio se reunieron en mesas de diálogo para reflexionar en torno a tres preguntas a partir de lo escuchado: ¿Qué nos dice la realidad contemplada? ¿A qué nos mueve? ¿Qué nos inspira? Estas mesas no fueron sólo un ejercicio académico, sino un espacio de discernimiento comunitario, donde la escucha de los testimonios encontró eco en la propia vida de los participantes. De este intercambio surgió con fuerza la conciencia de que no basta con comprender la realidad, sino que es necesario asumir una postura concreta frente a ella. En este sentido, la Vida Consagrada encuentra un desafío particular: el de renovar su identidad como presencia en las fronteras humanas y existenciales. Las reflexiones del día dejaron ver que no se trata únicamente de «estar» en contextos de vulnerabilidad, sino de dejarse afectar por ellos, de caminar con los excluidos y de asumir una postura profética que cuestione las dinámicas de exclusión. Esto implica también revisar estilos de vida, superar la tentación de la comodidad y recuperar con radicalidad la dimensión evangélica del servicio y la cercanía.

 

El segundo día del Coloquio estuvo dedicado al tema «Mujer e indígena: dos discriminaciones juntas». La reflexión comenzó con una mesa de testimonios integrada por miembros del Centro Nacional de Ayuda a Misiones Indígenas (CENAMI), quienes estuvieron acompañados por un grupo de mujeres indígenas que compartieron sus experiencias, marcadas por la exclusión. Sus voces evidenciaron una realidad profundamente contradictoria: en un país como México, cuya riqueza cultural encuentra su génesis en los pueblos originarios, muchas mujeres indígenas continúan siendo marginadas incluso en su propia tierra, como si su identidad, lejos de ser motivo de orgullo, se convirtiera en experiencia de vergüenza.

 

Es verdad que la exclusión por ser indígenas suele provenir de sectores externos a sus comunidades; sin embargo, la exclusión por ser mujeres se da muchas veces al interior de estas, donde permanecen estructuras que limitan su participación y reducen su papel al ámbito doméstico. Sus testimonios fueron verdaderamente impactantes, provocando que los asistentes no sólo escucharan, sino que se sintieran confrontados por una realidad que exige respuestas urgentes. Cabe destacar que estas formas de exclusión han sido acompañadas de manera significativa por la Vida Consagrada, por hermanos y hermanas que han promovido, defendido y caminado junto a las comunidades indígenas en la búsqueda de justicia y dignidad, haciendo visible una Iglesia cercana y comprometida.

Después de este primer momento de contacto directo con la realidad, tuvo lugar la iluminación bíblica, a cargo del maestro Reyes Muñoz Tonix, religioso Escolapio; quien presentó la ponencia «Jesús y la mujer discípulo en el evangelio según Marcos. Una propuesta contrastante». A través de un recorrido por diversos pasajes evangélicos, mostró cómo Jesús se encuentra con mujeres, también excluidas en su tiempo, y no sólo les reconoce su dignidad, sino que las hace colaboradoras y, muchas veces, protagonistas de su misión. Las palabras del profesor Reyes Muñoz, generaron gran interés entre los asistentes, suscitando preguntas, comentarios y diversas intervenciones que pusieron de manifiesto la necesidad de reconocer el verdadero papel de la mujer en la Iglesia y en la sociedad.

 

El día concluyó con las mesas de diálogo, en donde los estudiantes y demás asistentes tuvieron la oportunidad de expresar sus inquietudes, sus esperanzas y su deseo de compromiso con quienes son excluidos en nuestro tiempo.

 

El Coloquio Teológico del IFTIM puso de manifiesto que el estudio de la Teología no puede realizarse desde el escritorio, permaneciendo indiferente ante las realidades concretas de exclusión que marcan nuestro tiempo. Por el contrario, la Teología está llamada a escuchar, discernir e iluminar estas situaciones desde el Evangelio, para suscitar respuestas comprometidas. Tanto la realidad de los migrantes como la de las mujeres indígenas no sólo interpelan la conciencia social, sino también la identidad misma de la Iglesia y, de manera particular, de la Vida Consagrada, que está llamada a ser presencia significativa en medio de estas realidades. En este sentido, el desafío radica en pasar de la reflexión a la acción, de la sensibilidad a la solidaridad, para ser verdaderos signos de esperanza, en un mundo que sigue clamando por justicia y dignidad.

Coh. Miguel Ángel Zamora Ramirez, C.P.

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