
COLOQUIO TEOLÓGICO Y FIESTA DE LOS FUNDADORES
Instituto de Formación Teológica
Ciudad de México
22 - 24 de octubre de 2025
Cada año, durante los últimos días del mes de octubre, el Instituto de Formación Teológica Intercongregacional de México (IFTIM), lleva a cabo su tradicional Coloquio Teológico, que se convierte en la expresión de un laudable compromiso con el fomento de una reflexión teológica encarnada en la realidad de nuestros pueblos, más que en la dogmática ampliamente explicitada en los manuales de Teología, los cuales, aunque logran transmitir las extensas letras y normas de la tradición, se quedan cortos ante la Teología contenida en la praxis de la fe de un pueblo que cree y da testimonio de un Dios que les abraza en medio del dolor y la carencia, el mismo Dios que se convierte para todos en la única esperanza de una perentoria consecución de la paz.
En esta ocasión, el Coloquio Teológico se desarrolló durante los días 22 y 23 de octubre, tanto en las instalaciones del IFTIM como en las del Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana (IMDOSOC). El Coloquio asumió como punto central el tema de la construcción de la paz, haciendo un eco de la principal y extendida preocupación que existe sobre el tema, especialmente en estas tierras mexicanas, donde, a pesar de que la mayor parte de la población se profesa cristiana, existe un amplio porcentaje de violencia que transgrede, desde cualquier óptica, la propuesta evangélica de fraternidad y bien común.
Las conferencias y diálogos del primer día, estuvieron guiadas por personalidades destacadas en el tema de la paz. La primera charla fue desarrollada por Mons. Ramón Castro Castro, Obispo de Cuernavaca y Presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, quien se dirigió específicamente a las familias religiosas presentes en el IFTIM, no para ofrecer las estadísticas que se pueden consultar con suma exactitud en las plataformas digitales, sino para señalar la necesidad de un insoslayable compromiso evangélico por la paz, que exceda el asistencialismo cotidiano y superficial al que muchas veces estamos acostumbrados en nuestras comunidades. El Prelado manifestó que nuestras casas deben constituirse en lo que él mismo ha denominado, «laboratorios de escucha», en donde la compasión sea la principal norma que rija nuestra vida y apostolado.
También se contó con la presencia de la Dra. Ana Hernández, Directora Nacional de los Diálogos por la Paz en México quien evidenció la ausencia de los jóvenes en estos proyectos y señaló la necesidad de que esta iniciativa obtenga un efecto positivamente perceptible en medio de la crisis que viven nuestros pueblos.
Después de estas dos intervenciones, se inauguró una mesa virtual de testimonios, integrada principalmente por hermanas que acompañan diversos contingentes que trabajan por la paz. Estas comunidades que se convierten en faros de esperanza en medio de tantas proyecciones tétricas, trabajan especialmente con familiares de las miles de víctimas de secuestros que buscan, no sólo consuelo, sino las herramientas necesarias para que su voz sea escuchada y su dolor atendido. De este modo, con las sentidas y motivadoras intervenciones de cada uno de los integrantes de las mesas de diálogo, concluyó la primera jornada del Coloquio con la consigna de coincidir al día siguiente en el auditorio principal del IMDOSOC.
A la hora señalada, en la mañana del 23 de octubre, dio inicio la segunda tanda de reflexión del Coloquio. En esta ocasión, la atmósfera impregnada por la memoria del conocido obispo de Cuernavaca Sergio Méndez Arceo, quien, por sus claras y reformadoras opciones pastorales, fue conocido como «el Obispo rojo». Para recordar su testimonio, se presentó un documental sobre la vida de este hombre que muchos de nuestros hermanos conocieron de primera mano, pues fue durante su ministerio, cuando los primeros Pasionistas arribaron a Cuernavaca.
La vida de Don Sergio Méndez Arceo resulta sumamente cautivadora, pues revela la figura de un verdadero pastor, que fue capaz de dejar las comodidades propias de su servicio y hacerse parte de un mismo cuerpo y comunidad. Este hombre, especialmente de Dios, no miró desde lejos las luchas medulares de los menos favorecidos de su época; hombres y mujeres de la obra, los que, sin tener especialidades y títulos académicos, representan el motor de la economía de todas las regiones, siendo también, y muy contradictoriamente, los más apaleados por los sistemas de retribución que continúan imperando en nuestras sociedades.
Si bien es cierto que en nuestro argot el término «adelantado a su tiempo» se reserva singular e invariablemente para nuestro Padre Pablo de la Cruz, con facilidad se podría pensar en un apelativo similar para este hombre que no se esperó a la convocatoria del Concilio para poner en marcha un profundo proceso de reforma y catequesis capaz de redireccionar, acorde con el momento vivido, una liturgia con sentido e identidad y una pastoral capaz de presentar un Dios interesado en la vida y la suerte de los pobres.
Todas estas charlas y meditaciones teológicas culminaron, como es tradición con la celebración de la memoria dichosa de nuestros Santos Fundadores que, en esta ocasión, se llevó a cabo en el Convento de los Frailes Dominicos en Villa Coapa, en la Ciudad de México. Allí coincidieron hermanos de diversos países y familias religiosas. En este sentido, es preciso mencionar que nuestra comunidad estuvo también representada por los Padres Ángel Antonio Pérez Rosa, Superior Provincial, y Eloy Medina Torres, Secretario Provincial, cuya presencia fue muy bien acogida por la comunidad del IFTIM, como símbolo de la fraternidad tan característica de nuestra forma de vida.
La celebración de los Santos Fundadores inició con la Eucaristía presidida por el P. Fr. David Díaz Corrales, O.P., Rector de estudios, quien recordó que nuestros fundadores, iluminados por el Espíritu Santo, asumieron con valentía la misión de predicar y construir la paz que brota de Cristo Resucitado. Como ellos, también nosotros estamos llamados a ser promotores de este mismo don en medio un ambiente permeado por el miedo, la violencia y la desesperación. Así mismo, con el buen humor que le caracteriza, ponderando la importancia del tema de la construcción de la paz, señaló que ésta podría ser una categoría más para el examen de síntesis teológica.
Cabe mencionar que, tanto el desarrollo del Coloquio Teológico como la fiesta de los Santos Fundadores, fueron coordinadas por nuestro hermano Miguel Ángel Zamora Ramírez, quien se desempeña como representante del Consejo de estudiantes del IFTIM, durante este ciclo escolar.
Como conclusión, podemos decir que estos días fueron constituidos como un espacio idóneo para el replanteamiento de nuestras opciones evangélicas y pastorales en aras de la obtención de una sociedad que favorezca la paz. Así lo expresaba el mismo Fr. David Díaz Corrales, O.P., al mencionar que todo lo escuchado y planteado, representa un reto impostergable para nuestras comunidades, que no pueden ser indiferentes a la situación actual ni conformarse con una pastoral de escaso involucramiento real en la situación que aqueja y diezma a nuestra gente.
De este modo las palabras de los conferencistas, la figura profética de Don Sergio Méndez Arceo y la memoria de nuestros Fundadores, se convierten en un aliciente para la búsqueda de nuevos medios que nos ayuden a alcanzar la paz, así como para la reconsideración de nuestras opciones pastorales preferenciales.
Carlos Alberto Lantigua Checo


