Toma de hábito Pasionista

El lunes 14 de septiembre, fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, los novicios de las Provincias de San Pablo de la Cruz y Cristo Rey fueron revestidos con el hábito Pasionista, en el Retiro del Beato Domingo Barberi, en El Pueblito, Querétaro. La celebración fue presidida por el P. Francisco Valadez Ramírez, C.P., Superior Provincial. 

HOMILÍA

“Cristo Jesús se despojó de sí mismo, asumió la condición de esclavo y se hizo semejante a los seres humanos” (Filipenses 2, 7).

 

En el marco de los 300 años de Fundación de la Congregación, nuestro Fundador, San Pablo de la Cruz, nos deja como rica herencia espiritual unas exhortaciones muy a propósito de la toma de hábito y nos invita a revestirnos de Dios y a despojarnos de lo que nos aparta de Él. Las encontramos diseminadas en las Cartas que dirige a los Religiosos de su naciente Fundación.

 

San Pablo escribe a los Religiosos, el 2 de mayo de 1750: “Permanezcan en altísima contemplación en verdadera pobreza y desnudez de espíritu desprendiéndose de toda consolación. Procuren interiorizar en soledad auténtica para convertirse en adoradores del Sumo Bien en espíritu y verdad (Juan 4, 23-24)”.

Al P. Juan de S. Rafael, el 12 de junio 1753: “Me alegra su fe y su despojamiento de cualquier devoción sensible para que toque su nada y continúe con mayor fidelidad al recogimiento interior en su actuar. Permanezca recogido en el templo interior; aliméntese de la divina voluntad en un padecer desnudo, rico de toda virtud. Y antes de celebrar revístase de las penas de Cristo con un santo coloquio con sencillez en medio de la aridez”.

Al P. Juan Giacomini, el 16 de julio 1754: “Le deseo que sea un alma que viva de fe, en verdadera pobreza de espíritu y perfecta desnudez de todo lo que no es Dios, toda vestida en pura fe, escondida y retirada en soledad interior e inmersa toda en Dios”. 

Al P. Fulgencio Pastorelli, el 15 de diciembre de 1746, le cita Col. 3, 9-10: “No se mientan unos a otros pues se han despojado del hombre viejo con sus prácticas y se han revestido del hombre nuevo y renovado conforme a la imagen de su Creador”.

Al P. Bartolomé de San Juan, el 24 de diciembre de 1767, le cita la carta a los Gálatas 3, 27: “Quienes fueron bautizados en Cristo, de Cristo han sido revestidos”.

Al P. Tomás Fossi, el 6 agosto de 1768: “Despójese de los dones recibidos con pobreza de Espíritu, permaneciendo en pura desnudez, en su nada; desaparezca su nada en el Infinito Todo, que es Dios, perdido como una gota de agua en el océano inmenso, siempre revestido de las Penas Santísimas de Jesucristo”.

 

Al P. Pablo Jacinto Hegli, el 17 de febrero 1770: “Le suplico que se quede en el sagrado desierto interior y entre por la puerta que es Cristo Jesús, todo revestido de sus penas, en pura fe, en sagrado silencio y santo Amor”.

 

Éstas y muchas otras exhortaciones recomienda San Pablo de la Cruz en su Epistolario, enfatizando lo que hoy llamamos “una Espiritualidad desde abajo”, que nos hace caer en la cuenta que “el ascenso a Dios pasa por el descenso a la propia realidad”: Si deseas conocer a Dios, aprende primero a conocerte a ti mismo. El conocimiento a Dios pasa por muchos errores, rodeos, fracasos y desengaños. No son mis virtudes las que más me abren a Dios sino mis flaquezas, mi incapacidad, incluso mi pecado.

La espiritualidad desde abajo intenta responder a estas preguntas:

  • ¿Qué se debe hacer cuando parece que todo sale torcido?

  • ¿Cómo se deben colocar los fragmentos de nuestra vida rota para formar con ella una figura nueva?

           

La Biblia nos presenta modelos que no son tipos humanamente perfectos y sin defectos: Moisés, David, Pedro, Pablo, y muchos más. El Apóstol Pablo reconoce: “Cuando soy débil, entonces soy fuerte”. Todo es gracia. La humildad es la actitud fundamental de toda auténtica religiosidad. Humildad es aceptar la propia verdad. ¡Cómo insiste nuestro Fundador en vivenciar y potenciar esta virtud! Él hace mucho hincapié en “la nada y el Todo”; esto significa vestir la túnica negra al hacer memoria continua de la Pasión y Muerte de Jesucristo como máxima expresión de amor: seguir e ir detrás del Crucificado, Profeta y Mártir del Reino.

 

Me parece significativo y enriquecedor que en el momento histórico que está viviendo la Congregación, jóvenes de cuatro nacionalidades con diversidad de culturas, idiomas y experiencias compartan su vida en este Noviciado. La diversidad enriquece, la uniformidad empobrece.

Finalmente, queridos amigos Novicios, les recomiendo lo que dije a los neo-profesos, el pasado 4 de julio, durante su Profesión Temporal: ármense y revístanse de valor y coraje para “remar mar adentro”, aunque tengan la sensación de haberse esforzado “toda la noche” sin resultado. Crean en la fuerza de la Palabra: “Ya que Tú lo dices, echaremos las redes” (Lucas 5, 4-5).

Y ahora, les digo a Ustedes: ¡Sean audaces, apasionados, creativos e imaginativos para encontrar nuevas maneras de vivir nuestra misión pasionista, con fidelidad, en gratitud, profecía y esperanza! Tal como nos los pide el 47° Capítulo General de la Congregación.

 

¡Crean con firmeza lo maravilloso y desafiante que es llegar a ser consagrados en tiempos de posmodernidad!

© Secretaría de la Provincia de Cristo Rey

Ciudad de México, año 2020

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