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Profesiones temporales

Comunidad del Beato Domingo Barberi

El Pueblito, Querétaro

2 de julio de 2022

El sábado 2 de julio, después de haber concluido el año canónico de Noviciado, los hermanos José Israel Hernández Rivera y Edwin Didider Villanueva García emitieron los votos temporales en la Congregación de la Pasión de Jesucristo, comprometiéndose a hacer memoria continua de los sufrimientos de Jesús crucificado. La celebración eucarística fue presidida por el P. Víctor Hugo Álvarez Hernández, C.P., Superior Provincial, y concelebrada por varios sacerdotes; entre ellos, los padres Rafael Vivanco Pérez, Consultor General, y Ángel Antonio Pérez Rosa, Maestro de novicios. Cabe mencionar que en la misma celebración renovaron sus votos los profesos temporales de la tercera etapa del post noviciado. A continuación, compartimos la homilía pronunciada por el P. Eloy Medina Torres. 

HOMILÍA

Nos encontramos en una sociedad, en la que tristemente, cada día se va acentuando la indiferencia ante las cosas de Dios. Muchos hombres y mujeres de nuestro tiempo pretenden vivir únicamente desde sus criterios, sin tomar en cuenta el plan que Dios ha trazado para la humanidad: un plan que, evidentemente, tiene como finalidad la plenitud y salvación humana pues, como sabiamente decía san Ireneo, la Gloria de Dios es que el hombre viva. Muchos, desarrollando una visión equivocada, influenciada tantas veces por las ideologías contemporáneas, consideran que no necesitan de Dios y desarrollan su vida pensando únicamente en sus intereses personales o en aquello que más les conviene; otros, sostienen que Dios les estorba pues afirman que sus mandamientos oprimen la libertad y frustran el desarrollo natural del hombre. Y es así que, con dolor, nos damos cuenta que en muchos ambientes Dios ha sido reducido a un mero recuerdo de la infancia que no tiene nada qué decir en el presente de la historia. No obstante esta realidad, en este día, nosotros contemplaremos un acto absolutamente contracultural: dos jóvenes, José Israel y Edwin Didier desean manifestar públicamente la centralidad de Dios en su vida. Con la profesión de votos estarán diciendo al mundo que la fe en Dios no puede reducirse a la edad pueril o primitiva de la humanidad, sino que, aun en estos tiempos, vale la pena fundamentar la vida en Dios, dedicándose por entero a la construcción de su Reino en la historia. Y esto, insisto, debe ser un acontecimiento que nos anime a vivir con esperanza.

En medio de los tantos ruidos que bombardean y aturden el oído humano, estos dos jóvenes tuvieron la capacidad de escuchar la voz de Dios que los ha llamado para estar con él y enviarlos a predicar. Ambos, cada uno en su realidad concreta, habían hecho planes y se habían trazado metas para alcanzar su desarrollo personal. Cada uno había pensado lo que tenía que hacer para construir su futuro. Y a pesar de sus planes, un día escucharon la llamada de Dios que los llevó a replantear sus opciones. Y como Abraham, tuvieron la disponibilidad de salir de su casa, dejando su parentela y todo lo que hasta el momento habían considerado valioso. Posiblemente, como el mismo Abraham, no tenían claro ni el rumbo ni la dirección por donde debían transitar; quizá ni siquiera pensaron en los obstáculos y las crisis que tendrían que enfrentar en el camino. Puedo decir que lo único que los sostenía era la convicción de saber que Dios los acompañaba en su camino. Y confiando en él, comenzaron la experiencia de la vida Pasionista. ¡Cuántos hombres y mujeres en nuestro tiempo, cuántos de nosotros, no hemos sido capaces de escuchar a Dios por vivir aturdidos de los ruidos de este mundo! ¡Cuántos, habiendo escuchado su llamada, hemos preferido continuar la vida desde nuestros criterios! El testimonio de estos hermanos podría ser de utilidad para cada uno de nosotros se cuestione si está escuchando la llamada de Dios y si ha tenido la capacidad de atender a este llamado.

 

Estos hermanos, habiendo escuchado la llamada de Dios y después de un tiempo de formación y discernimiento se presentan ante Dios para hacer un compromiso. Como el hombre del evangelio, también se acercado a Jesús para decirle: «Maestro, ¿qué debo hacer para alcanzar la vida eterna?». Se trata de un cuestionamiento sumamente válido e incluso necesario pues orienta la vida humana hacia realidades que perduran más allá del tiempo y del espacio. Un cuestionamiento que lamentablemente, muchos de nuestros contemporáneos ni siquiera han tenido la capacidad de plantearlo pues viven asediados por la sociedad de consumo, que conduce a una visión individualista, materialista y hedonista de la existencia humana; sin olvidar el ambiente digital que hunde al ser humano en la cultura de lo inmediato. Sabemos, no obstante, que este cuestionamiento fundamental suele aparecer en los momentos decisivos de la existencia: cuando enfrentamos la crisis, cuando aparece ante nosotros la enfermedad, cuando nos sentimos vulnerables o cuando descubrimos que la vida humana, con toda su belleza, no puede reducirse sólo a las realidades terrenales.

 

Ante el cuestionamiento de aquel hombre, Jesús recuerda los mandamientos como condición necesaria para alcanzar la vida eterna. Y es que los mandamientos son un medio para vivir desde el amor. A ustedes, hermanos novicios, también Jesús les da esta misma respuesta: si quieren alcanzar la vida eterna cumplan los mandamientos. Cada día, vivan conforme a los mandamientos. De esta manera irán desarrollando la capacidad de amar a Dios sobre todas las cosas y amarán a sus hermanos como a ustedes mismos. Debo decir que esta vía presentada por Jesús podrá traerles numerosas incomprensiones pues se trata de un camino que se opone radicalmente a los dinamismos del mundo que, como bien sabemos, enarbola el estandarte de la libertad permitiendo, aunque no explícitamente, que cada uno realice lo que sea para satisfacer sus deseos, incluso atentando contra el bien de los demás. Y por la experiencia cotidiana, podemos constatar que vivir de esta manera, conduce a los seres humanos a un estado de esclavitud de los deseos personales y de los ídolos, como son el poder, el dinero, el placer desenfrenado o las seducciones del mundo. Hermanos novicios, vivir conforme a los mandamientos les permitirá vivir desde el amor. Y ello nos introducirá paulatinamente en una nueva manera de entender la vida misma.

 

Retomando la narración, nos encontramos con un nuevo cuestionamiento. El hombre que ha cumplido los mandamientos, es decir, que ha desarrollado su vida con rectitud, siente la necesidad de dar un paso más hacia la perfección. Por eso le dice a Jesús: «¿Qué más me falta?». Y obtiene como respuesta la invitación a vivir de una manera radical, haciéndose como Jesús servidor de sus hermanos: «Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres; después ven y sígueme». Se trata de un camino absolutamente novedoso pues para el pueblo de la antigua alianza la posesión de la tierra y la fortuna representaba una de las condiciones para señalar que Dios estaba bendiciendo al hombre. Pero el camino de Jesús es totalmente distinto. Y él mismo nos da testimonio como recuerda el apóstol Pablo en la carta a los filipenses: «Siendo Dios se anonadó a sí mismo y tomó la condición de siervo pasando por uno de tantos». Jesús se atrevió a amar a Dios por sobre todas las cosas y ese amor lo llevó a amar y servir a cada uno de sus hermanos. Sabemos por las narraciones de la Escritura que Jesús pasó su vida haciendo el bien; no tuvo otra pretensión, únicamente hacer el bien, especialmente a los más necesitados. Como Jesús, déjenlo todo para servir a los más necesitados; como Jesús, dediquen su vida para escuchar y atender las necesidades de los más vulnerables, de aquellos hermanos que, en esta cultura del descarte han sido orillados a la periferia de la historia. Vivan su vocación renunciando a todo aquello les impida estar disponibles para hacer la voluntad de Dios. Sean perfectos como el Padre celestial es perfecto; amen a todos, hasta el extremo, como Jesús ha amado a la humanidad.

 

Cuando el hombre de la narración escuchó la invitación de Jesús se fue entristecido porque tenía muchos bienes. No supo renunciar para estar con el Maestro. Que no sucede así en ustedes. Ya que han escuchado la llamada de Jesús atrévanse a responder cada día con generosidad. No permitan que los ruidos cotidianos aturdan sus oídos y nublen su entendimiento; no permitan que la seducción de tener, del saber o del placer los aparte del camino que están emprendiendo con Jesús. Por el contrario, cada día renueven su respuesta y vuelvan a decir, una y otra vez, como el salmista: «Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad». Hermanos novicios, quisiera invitarlos a vivir su vocación personal y comunitariamente. Recuerden que la vida comunitaria es un elemento fundamental de la vida pasionista. Y hemos de responder al llamado de Dios en medio de nuestra comunidad. Que la generosidad de su respuesta y su disponibilidad sea una llamada de atención para este mundo que pretende vivir sin Dios y una llamada de atención para nosotros, sus hermanos, que abatidos por las responsabilidades cotidianas, nos enfrentamos a la tentación de caer en la monotonía o hacer sólo aquello que nos conviene.

 

Quisiera ahora dirigir una palabra para los profesos temporales que habrán de renovar sus votos. Como nuestros hermanos novicios, cada uno de ustedes escuchó la llamada de Dios. Y dieron una respuesta llena de generosidad y valentía. Cada uno de ustedes recordará el día en que terminó el año de noviciado y emitió los votos religiosos comprometiéndose a vivir sólo para Dios. Durante estos años de profesión habrán tenido innumerables experiencias; momentos de dicha pero también de oscuridad, crisis, llanto y sin sentido; momentos llenos de satisfacción por la misión emprendida pero también momentos de frustración por no saber cómo responder a las necesidades de los crucificados de la historia. Todas estas experiencias, todas sus luces y sombras, todos sus vuelos y caídas, forman parte de su historia vocacional. Como el día de su profesión, acérquense nuevamente ante Dios para manifestarle su disponibilidad y compromiso, no sólo de una forma verbal sino dando una respuesta que comprometa verdaderamente su existencia. Al renovar sus votos religiosos, recuerden que están renovando su opción de estar con Jesús, vivir por él, servir como él y darse con él por la salvación de sus hermanos.

 

Finalmente, quisiera invitar a todos los que celebramos este acontecimiento fundamental en la vida de nuestros hermanos, que elevemos a Dios nuestra oración llena de gratitud pues, a pesar de la indiferencia de muchos hombres y mujeres, continúa suscitando vocaciones para su Iglesia. Pidámosle, especialmente, como nos invitaba la oración colecta de esta Eucaristía, que conceda a estos hermanos nuestros, en quienes ha inspirado el deseo de seguir a Cristo, la posibilidad de terminar felizmente el camino que han comenzado para alabanza de Dios y salvación de la humanidad. Que san Pablo de la Cruz, interceda siempre por nosotros.

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