Peregrinación Pasionista

a la Basílica de Guadalupe, Ciudad de México

El 20 de diciembre de 2019, se llevó a cabo la Peregrinación anual de la Familia Pasionista a la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, para agradecer su intercesión por todos los bienes recibidos y encomendarle las actividades e iniciativas que emprenderemos, como familia religiosa, durante la próxima celebración del III Centenario de la fundación Pasionista.

 

Habiendo llegado a la Casa de nuestra Madre, celebramos la Eucaristía que fue presidida por el P. Jesús Ubierna, C.P., de la Provincia del Sagrado Corazón (SCOR). Y una vez alimentados con el Pan del Cielo, nos reunimos en un local, a unas cuadras de la Basílica, para encontrarnos como hermanos. 

A continuación, compartimos la homilía pronunciada por el P. Jesús Ubierna, C.P.  

 

"A los pies de la Virgen de Guadalupe, renovamos nuestra misión".

 

Hoy en toda la Iglesia vuelve Dios a proclamar que Jesús de Nazaret es su gran apuesta en favor de los seres humanos: Dios está de parte nuestra; podemos decir que Dios apuesta por nosotros. Y la apuesta es seria, en ella Dios se juega a su Hijo para beneficio nuestro. Eso demuestra el gran amor que nos tiene y eso exige la respuesta que debemos dar. Durante unos ochocientos años el pueblo de Israel mantuvo la fe en Yahvé con la profecía de Isaías, esperando el cumplimiento de esa profecía y en especial, esperando esa Virgen que daría a luz al Mesías. Al volver a proclamar la profecía del Emmanuel en esta casita de Santa María de Guadalupe, la recibimos, en primer lugar, como una invitación personal a ultimar los preparativos de nuestro corazón porque en él, nuevo pesebre, María va a colocar al Hijo de Dios recién nacido. También los textos de esta celebración, en este lugar, tiene resonancias particulares para nosotros, resonancias guadalupanas que hacen vibrar nuestro ser mexicano y nos despierta como pueblo, cuya identidad está cimentada en el significado de esta casa. Nosotros sabemos que Santa María de Guadalupe es la Virgen de Isaías: es Virgen y Madre. Estos pensamientos no son simple mensaje sino que tienen que constituir experiencia personal y de pueblo; la experiencia no se reflexiona, se vive y se siente dentro; sigamos gustándola como nos enseñó el Papa Francisco: dejemos que María nos mire y sintamos el mismo gozo de Juan Diego que, bajo esa mirada, sentía que estaba en el cielo. 

 

Esta celebración guadalupana tiene hoy para nosotros este mensaje y esta experiencia que ojalá gustemos y disfrutemos. En lo demás, esta celebración hoy tiene también otro sentido. Los Pasionistas de México cumplimos nuestro compromiso anual con la Virgen de Guadalupe, nuestra peregrinación. Como mexicanos llegar a la casita de la Virgen es una gratísima y muy feliz experiencia que cada año se hace nueva. Nuestra peregrinación Pasionista tiene este año un significado especial que se incrementará en los próximos años: los Pasionistas, religiosos, religiosas y laicos, estamos celebrando los trescientos años de vida en la Iglesia. Y por ello, un icono conmemorativo y una reliquia de San Pablo de la Cruz están recorriendo las casas Pasionistas de todo el mundo, bajo un lema que inspira toda la celebración y que se resume en estas palabras: "Gratitud, profecía y esperanza". Gratitud a Dios que nos eligió para que se mantenga viva en la Iglesia la memoria de la Pasión y Muerte de Jesucristo. Y gratitud también a quienes la han mantenido trescientos años, desde San Pablo de la Cruz hasta nuestros días. Profecía, en referencia a los Pasionistas que hoy seguimos esa misión. Y que en esa celebración tricentenaria renovamos nuestro voto pasionista. Ese voto, esa misión, tiene una exigencia previa. Profecía es tarea de profetas. Y profetas son los que reciben la Palabra de Dios y la comunican al pueblo. Y si en nuestra celebración tricentenaria resalta el tema de profetas, también quiere decir que necesitamos recibir la Palabra de Dios. El profeta no puede hablar por su cuenta. Y para recibir la Palabra de Dios hay un camino: San Pablo de la Cruz lo insinuaba, lo resaltaba, lo pedía y exigía cada poco tiempo; ese camino es la meditación de la Pasión. En la meditación de la Pasión recibimos el mensaje que Dios quiere que proclamemos a la Iglesia y al mundo. Y ese mensajes es el mensaje del amor del Padre. San Pablo de la Cruz lo entendía muy bien cuando decía que "en la Pasión de Jesucristo está la obra más admirable del amor de Dios". Esas son las palabras que Dios nos comunica y nos dice: "ve al pueblo y dile lo que te mando". Ese es el mensaje que tenemos que seguir viviendo y anunciando. 

 

También en esta celebración hablamos de esperanza. Mirando al futuro y suplicando al dueño de la mies para que mande trabajadores a sus campos y siempre haya muchos y santos religiosos, religiosas y laicos Pasionistas. Todos somos convocados a una celebración de fe, como nos dicen los Obispos de México en su proyecto global de pastoral: una celebración que no responsa sólo a un aniversario más de vida sino que nos lleve a valorar qué clase de Pasionistas somos, qué hemos sido, qué hemos y hecho y qué no hemos, qué hemos hecho mal y qué tenemos qué hacer. La celebración de los trescientos años de Familia Pasionista tiene que significar un nuevo impulso de nuestra misión en la Iglesia que es anunciar el Evangelio de la Pasión con la vida y el apostolado. Y creo que es un momento para la refundación que se caracterice por dar pleno protagonismo a los laicos en el cumplimiento de nuestra misión. Finalmente, tenemos una luz que nos guía en la celebración y en la vida: San Pablo de la Cruz. En esta celebración tricentenaria nos ilumina la pasión que San Pablo de la Cruz siente por Cristo Crucificado. Dios le dotó de grandes dones y él se dejó modelar por la acción del Espíritu que le llevó a la identificación con el Crucificado. Desde esta identificación pudo convertirse en padre de una familia a la que todos nosotros nos sentimos gozosos de pertenecer: la familia Pasionista. Desde esa identificación fue excelente Superior y hermano de sus religiosos, y un buenísimo Director espiritual. Desde esa identificación con el Crucificado fue el gran profeta del amor infinito de Dios que nos da a su Hijo, el cual, entrega su vida como prueba de ese mismo amor. Y desde esa identificación es el pastor que va delante del "pequeño rebaño congregado bajo el signo de la Santa Cruz y Pasión de Jesucristo", como le gustaba decir refiriéndose a la Congregación. San Pablo de la Cruz es el maestro que nos enseña a curar los males del mundo con la Pasión de Cristo; es el modelo de nuestro ser Pasionista. 

 

¡San Pablo de la Cruz es nuestro padre!

© Secretaría de la Provincia de Cristo Rey

Ciudad de México, año 2020

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