Celebraciones Jubilares

por el III Centenario de la fundación Pasionista

Colegio San Gabriel de la Dolorosa,

Santo Domingo, D.N.

El domingo 22 de noviembre de 2020, los Misioneros Pasionistas de las comunidades de la República Dominicana se dieron cita en el Colegio San Gabriel de la Dolorosa, en Santo Domingo, D.N., para dar inicio a las celebraciones Jubilares por el III Centenario de la fundación Pasionista. La celebración fue presidida por el P. Santiago Alberto Valerio, C.P., Párroco de la Parroquia de San Matías y Director del Colegio San Gabriel de la Dolorosa, y se desarrolló atendiendo las indicaciones de las autoridades sanitarias. Compartimos, a continuación, la homilía pronunciada por el P. Miguel Ángel Villanueva Pérez, Director de estudiantes de Filosofía.

HOMILÍA

Queridos hermanos y hermanas.

 

Hace trescientos años, un 22 de noviembre de 1720, San Pablo de la Cruz recibió un hábito de penitencia, similar al que vestimos los religiosos pasionistas. Lo recibió inspirado por Dios y habiendo escuchado a María Santísima que le decía: "Tienes que vestir de luto y vivir en penitencia por la muerte de Jesucristo". San Pablo de la Cruz fue revestido por el obispo Francisco Arboreo Gatinara, en la diócesis de Alejandría. Y una vez que recibió el hábito, se fue a la sacristía de la Iglesia de San Carlos, en Castellazzo, donde estuvo cuarenta días de retiro. Ahí escribió las Reglas de los que llamaría "los Pobres de Jesús".

¿Para qué fundar una nueva familia religiosa? Pablo tuvo la intuición de que todos los males del mundo, todos los pecados, todas las desgracias, todas las guerras, todo el odio y todas las familias divididas, tienen un origen: el olvido de la Pasión de Jesús. Si el mundo olvida la Pasión de Jesús caerá inevitablemente en las garras del error. Por eso Pablo, inspirado por el Espíritu Santo, quiso recordar al mundo la grata memoria de la Pasión de Cristo, no solamente para tenerla en la mente sino como remedio de todos los males. San Pablo de la Cruz intuyó que los remedios de todos los males está en Cristo Crucificado; ahí se encuentra el sentido de la existencia.

 

Pablo asumió la misión de predicar al mundo la Pasión de Jesús. Y su trabajo consistió en ir de misiones a los pueblos enseñando a la gente a meditar la Pasión. Aun cuando en la época se le llamó "devoción a la pasión", se trata de un modo de ver la vida, el sufrimiento y hasta los fracasos. Nuestro fundador señaló que en la Pasión los seres humanos aprendemos a amar. El verdadero amor se encuentra en la Pasión de Cristo. El amor del Padre se muestra desde el envío de su Hijo a la tierra. Ahí comenzó el amor del Padre pero no se detuvo pues fue hasta el límite al pedir a su Hijo que fuera coherente hasta la muerte. Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad; desea que todos se salven por el conocimiento del amor de Jesús que se encuentra en la Pasión. Si Jesús está dispuesto a morir por mí, ¿quien puede tener más amor hacia mi persona? Cuando descubrimos el amor en la Pasión de Jesús que ha entregado su vida por amor, descubrimos el bien, y el sentido. Y entonces, si como Pablo decía que la causa de todos los males es el olvido de la Pasión, ahora este misterio se convierte en el remedio de todos los males.

 

Benedicto XIV reconoció que Dios inspiraba a Pablo de la Cruz para que llevara a cabo esta misión en la Iglesia. Por eso, reconoció las Reglas de la naciente familia religiosa, lo que ocasionó que los Pasionistas se fueran extendiendo. Cuando Pablo murió, en 1775, había fundado doce conventos o retiros, como él mismo los llamó, desde donde salían los misioneros para la predicación de misiones y el ministerio de la dirección espiritual. Pablo escribió unas once mil cartas de dirección espiritual en las que aconsejaba a sus dirigidos como llevar su vida espiritual y su vida cristiana desde la mística de la Pasión. Aun cuando sólo conservamos dos mil cartas, podemos entender su pensamiento. 

 

Pablo de la Cruz fundó a los Misioneros Pasionistas y a las Monjas contemplativas. Y de su fundación ha surgido otras ramas como las Hijas de la Pasión de Jesucristo. Ahora nos encontramos presentes en sesenta y tres países. Y celebrando estos tres cientos años, queremos renovar nuestra misión, renovándonos a nosotros mismos. Hemos recibido una herencia, un carisma, que está puesto en personas débiles y en nuestras manos torpes; pero nosotros, hijos e hijas de Pablo tenemos la misión de recordar al mundo la Pasión de Cristo. Tenemos que renovarnos para vivir la Pasión de Cristo. Pablo nos concibió junto a María, al pie de la cruz, compartiendo los dolores de Cristo, estando allí para recibir el amor de Cristo. 

La Pasión de Cristo está presente en todo el mundo que sufre. Y todos los que formamos la Familia Pasionista estamos llamados a permanecer a los pies de Cristo Crucificado, considerando que él está en aquellos que sufren la injusticia, el hambre, el abandono. Como nos dice el Evangelio que escuchamos en esta celebración: estamos llamados a atender las necesidades de los sufrientes. El Hijo del hombre, colocado en el centro de la escena, separa a las ovejas de los cabritos; a los primeros les invita a tomar posesión del Reino porque "tuve hambre y me dieron de comer". Nosotros, los Pasionistas, entendemos que allí tenemos que estar; este es el llamado que la Iglesia nos hace: estar con los crucificados de la historia. Tenemos que responder y estar con los más necesitados.

Esta mañana, en su homilía, el papa Francisco hablaba a los jóvenes diciendo: "Miren, hermanos, tenemos que cambiar; nosotros siempre pensamos en nuestro bienestar y nos pasamos la vida pensando en nuestro bienestar. Tenemos que cambiar nuestra manera de pensar para ver por el bienestar del otro! ¡Ya basta de pensar sólo en mí; eso hace mal; el que sólo piensa en sí mismo se arruina. Pensemos en el bienestar de los otros". También decía a los jóvenes que se preguntan por el sentido de la vida: "No se pregunten para qué vivo sino para quién vino. Vivo para los demás". Desde este punto de vista podemos entender que Pablo vive para los crucificados.

El lema que hemos escogido para nuestras celebraciones jubilares nos invita a vivir con tres actitudes: Gratitud, Profecía, Esperanza. Gratitud porque estamos en muchos países y tenemos vocaciones; tenemos que ser agradecidos porque tenemos vida y el Señor sigue llamando a muchos jóvenes a esta familia. Profecía porque tenemos que vivir como profetas anunciando al mundo la Pasión de Cristo; ese era el sueño de san Pablo de la Cruz en todas sus actividades. En cualquier obra que realicemos hemos de anunciar la Pasión de Cristo. Esperanza porque sabemos que en el mundo este carisma va a continuar porque la Pasión de Cristo continúa presente en todos los que sufren, aman y esperan.

Este año jubilar también tiene beneficios para toda la Familia Pasionista. Queremos enseñarles a meditar la Pasión. En algún momento, nuestro párroco nos hablará de qué modo lo haremos y ustedes verán lo maravilloso que es meditar en la Pasión. También tendremos la posibilidad de recibir la indulgencia plenaria que nos ha concedido el Santo Padre. 

Comencemos con alegría este año jubilar. Todos sintámonos Pasionistas. Y pidan al Señor por los religiosos para que perseveremos y seamos coherentes; ayuden a los jóvenes para que puedan responder al llamado de Dios. Mamás, pídanle a Dios que les regale un hijo religiosos y si es posible, un hijo Pasionista. 

Sea alabado Jesucristo.

Celebración eucarística en la apertura del Año Jubilar por el III Centenario de la fundación de la Congregación de la Pasión de Jesucristo. Colegio San Gabriel de la Dolorosa, Santo Domingo, D.N.