Visita del Icono Conmemorativo

a la Comunidad del Espíritu Santo,

Ciudad de México

Del 12 al 15 de marzo, los religiosos de la Comunidad del Espíritu Santo, en la Ciudad de México, recibieron la visita del Icono Jubilar y la reliquia de San Pablo de la Cruz.

La recepción se llevó a cabo el jueves 12 de marzo, a las 17.00 hrs., en el sector 7 de la Parroquia del Espíritu Santo y Señor mueve corazones, donde los fieles se dieron cita para celebrar este acontecimiento. Después de que el P. Alejandro González Puente, C.P., Superior de la Comunidad y Párroco, incensara las insignias,  comenzó  la  caminata  hacia el Templo Parroquia, la cual, estuvo 

acompañada por la comparsa de chinelos que, con su ritmo característico, anunciaban a los vecinos la llegada de la reliquia de San Pablo de la Cruz. 

Al llegar al templo, las insignias fueron introducidas y colocadas en el sitio que se había dispuesto; y comenzó la adoración al Santísimo Sacramento, ambientada con frases de San Pablo de la Cruz. Posteriormente, se celebró la Eucaristía presidida por el P. Alejandro González y concelebrada por los padres Pablo Rubio Pérez, Promi de la Vega León, Javier Trejo Montoya (de la Comunidad de la Inmaculada Concepción) y Eloy Medina Torres (de la Comunidad de San José). En su homilía, el P. Alejandro recordó que Pablo de la Cruz, habiendo sentido la inspiración divina, entendió las palabras contenidas en el cuarto evangelio: "Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo único". Y por ello, se dedicó a hacer memoria, grata memoria de la Pasión de Jesucristo. Terminada la celebración, hubo una convivencia en el salón parroquial.

El sábado 14, el Icono y la reliquia fueron llevados a la Casa General de las Hijas de la Pasión de Jesucristo quienes dieron gracias a Dios por haber suscitado el carisma Pasionista en la Iglesia para mantener viva la memoria del Crucificado.

El 15 de marzo, las insignias estuvieron en cada una de las celebraciones dominicales de la Parroquia del Espíritu Santo. Después de la misa de 19.30 hrs., se tuvo una sencilla despedida. ¡San Pablo de la Cruz, intercede por nosotros!

Compartimos, a continuación, la homilía pronunciada por el P. Alejandro González en la Misa de recepción.

HOMILÍA

Nos hemos reunido con ocasión de la visita de la reliquia de San Pablo de la Cruz y del Icono conmemorativo por los trescientos años de la fundación Pasionista. San Pablo de la Cruz, nació en el norte de Italia, en una ciudad llamada Ovada, el 3 de enero de 1694. Se sintió llamado por Dios para consagrar su vida a la predicación del Evangelio, haciendo énfasis en aquella frase de San Juan: "Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo único para que todo el que crea en él tenga vida eterna". Pablo fue llamado a contemplar el amor de Dios y hacer memoria de este amor manifestado en la Pasión de Jesucristo. Jesús padece por amor, muere por amor; y este amor ha de transformar a la persona y a la humanidad. Eso es lo que Pablo de la Cruz pretendía desde el comienzo. Y así el día 22 de noviembre de 1720, recibe de su Obispo el hábito de ermitaño. Nosotros consideramos este día como el inicio de la fundación de nuestra familia religiosa. Por tanto, primeramente Dios, el 22 de noviembre de este año, celebraremos los trescientos años de la fundación de la Congregación. 

La reliquia que tenemos entre nosotros es un signo que nos hace recordar la presencia y el espíritu de San Pablo de la Cruz. Las reliquias de los santos nos recuerdan, no solamente que hemos de compartir su suerte, como nos dice el Concilio Vaticano II, sino sobretodo, el imitar su vida. Los santos no sólo son intercesores; Vaticano II nos dice que hemos de compartir su suerte, imitar su vida y pedir su intercesión. 

Las lecturas de la Palabra de Dios que hemos escuchado, nos hablan primeramente de la confianza en Dios. "¡Bendito el hombre que confía en el Señor!", es la síntesis de la primera lectura. La felicidad del hombre consiste en poner la confianza en el Señor. En el Evangelio encontramos a un hombre que tiene nombre: se llama Lázaro; ese hombre, es ejemplo del hombre que confía en el Señor; en cambio, el hombre rico, sin nombre, era una persona que no confiaba en el Señor: su amor estaba dirigido a sus cosas, a sus bienes, a su vida inmediata; se sentía feliz únicamente consigo mismo. 

San Pablo de la Cruz quería a través de sus predicaciones y cartas de dirección espiritual comunicar esta experiencia del amor de Dios. Quería que las personas se convirtieran, no por miedo ni interés, sino por haber descubierto el amor de Dios. El amor de Dios es lo que cambia efectivamente a las personas. Así la meditación de la Pasión se presenta como el método para experimentar el amor de Dios y comunicarlo a los demás para que sean hombres y mujeres nuevos. 

Daré lectura a algunas frases tomadas de los escritos de San Pablo de la Cruz que están en consonancia con lo que hemos escuchado en la Palabra de Dios: "El camino más corto para llegar a la santidad es perderse enteramente en el océano de los sufrimientos del Hijo de Dios". "La más grande perfección del alma consiste en un verdadero abandono de sí mismo en los brazos de Dios". "El que se conoce a sí mismo y conoce a Dios es verdaderamente humilde de corazón". "El corazón del verdadero cristiano ha de ser como un altar en el que se ofrece cada día el oro puro de un ardiente amor, el incienso de una humilde oración y la tierra de una continua purificación". "El camino verdadero de la santidad es andar siempre con espíritu de fe en la divina presencia y abandonado en los brazos del Señor como un niño en los brazos de su madre". "Los amigos de los pobres son los amigos más queridos de Dios". "Feliz el alma que reposa en el seno de Dios sin pensar en el provenir sino que es esfuerza por vivir el momento presente cumpliendo la divina voluntad". "El amor es una virtud unitiva y hace propias las penas del bien amado". "Ho haga oración a mi modo sino de acuerdo al querer de Dios". "Oh cruz querida, tú eres mi alegría y el lecho de mi descanso". 

© Secretaría de la Provincia de Cristo Rey

Ciudad de México, año 2020

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